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LA BUSQUEDA INCANSABLE DE LA PASIÓN.

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Actualmente están de «moda» las conferencias motivacionales, los podcast, las masterclass de autoayuda o de superación personal. Y es que cada vez hay más gente buscando una evolución, un cambio de conciencia, Traduciéndose así a más gente acercándose a información que les brinde bienestar.

Personalmente esta corriente me encanta, el encontrarnos a nosotros mismos, ir hacia adentro e instrospectar, buscar un cambio de conciencia, conectar más con los sentimientos y con los demás.

Algo que siempre he escuchado en estás platicas y que es una constante, incluso en mi búsqueda espiritual. Es el tema de hacer lo que te apasiona, encontrar eso que naciste para hacer, tu misión de vida, algo que incluso si tuvieras que hacer gratis, lo harías sin pensarlo.

En alguna parte de toda esa cascada de información que me llegó, había muchísima gente que hablaba de cómo en ellos la misión de vida estaba clara desde que tenían 3 años, algunos 6, a otros más se les reveló su misión de vida y aquello que los apasionaba en la adolescencia, etc.

El caso es que todos ellos hablaban de eso, de la pasión, de este impulso que te mueve a hacer eso que verdaderamente amas. De como esa misión de vida te buscaba casi tocando a tu puerta y sabías que estaba ahí esperando por ti como un gran regalo.

Esto para mi fue un shock, porque de pronto escuchaba «piensa en eso que desde chiquito te ha encantado hacer», algunos incluso en algunos libros que me topé por ahí te proponían una edad, algo así como «¿Qué era eso que te encantaba hacer a los 6 años?» Mi respuesta a esto, casi siempre y luego de pensarlo un tiempo, era encontrar 6 cosas que me encantaba hacer pero que no sabía si así debía sentirse esa misión súper especial que yo venía a hacer a la Tierra o si era incluso esa actividad que haría toda mi vida, incluso sin cobrar.

Cómo mamá de tiempo completo y llegando a mis 30 años me entró la que problablemente es la crisis de la que tanto hablan y en la que por supuesto no creía. Y cómo toda persona shockeada me paralicé, dejé en «stand by» cualquier cosa que hubiera empezado antes, siquiera a pensar o imaginar hacer por miedo a que esa no fuera «mi verdadera pasión».

Un día dejé de escuchar todas esas voces externas que pensaba me ayudarían a descubrir que hacer, por donde empezar, donde estaban mis fortalezas y me empecé a escucharme a mí. Ya no desde la exigencia y la prisa por hacer algo, si no desde la curiosidad y todo cambió.

Creo que esta «Busqueda eterna de lo que nos apasiona» a algunos les llega de una manera, más espontanea y natural y a otros nos puede llevar algo más de tiempo. Sea cual sea tu caso, no te presiones y mira hacía adentro con ojos más compasivos, sin prisa, con curiosidad y sin juzgar las respuestas que encuentres pero no caigas en la inacción por miedo a equivocarte o a lo que opinen los demás. Sea cual sea la respuesta que obtengas a raíz de esta curiosidad, comienza a hacerlo y observa que pasa, quizás es ahí donde está eso que tanto has perseguido.

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